ECCE HOMO: AUTO DE FE (PUBLICADO EN SUBSTACK EL 14.03.2026
AUTO DE FE
14.03.2026
Esta mañana he estado leyendo fragmentos de mis tres libros de narrativa publicados (Crónicas anómalas, Suite tardía y Danza de maniquíes, para quien no los conozca). Sé que a veces descreo un poco de ellos, debe de ser eso que llaman el síndrome del impostor, pero cuando los releo con detalle, con detenimiento, creo que en todos mis relatos (con mayor o menor acierto) subyace una postura vital, MI postura vital. Una visión —o revisión— de la existencia desbordante de incertidumbres, una lucha constante contra la perplejidad, contra este “todo” que nos rodea, una postura ante el mal, ante el bien, ante la mediocridad y ante la excelencia, ante la sombra y la luz, y sobre todo, creo, ante la aparente esterilidad de la vida en sí misma: “¿Qué Dios detrás de Dios la trama empieza / de polvo y tiempo y sueño y agonía?”, dijo acertadamente el gran Jorge Luis Borges. Resulta curioso, pero me considero creyente en algo superior, aunque a veces pienso que lo soy más por no dejarme caer a un pozo de absoluto horror existencial que por convicción, si bien admiro a los grandes maestros espirituales de la historia. En fin, otra de mis contradicciones.
La cosa es que, releyendo esos textos míos, tengo la impresión de que tengo cosas que decir, de que no escribo por escribir, de que necesito arrancarme a través de la literatura, como en una especie de exorcismo, mis propios demonios internos, y de que sé cómo hacerlo sin decepcionar a quien realmente pueda encontrar resonancias entre mis palabras y sus latidos. Y entonces me planteo lo siguiente: ¿qué clase de gente hay en las redes, incluso en los grupos de literatura, que no muestra interés alguno, ni siquiera curiosidad, por algo que pueda resultar novedoso (no mejor ni peor, que conste, eso no quiero decirlo yo), por algo que plantea un pequeño desafío lector? ¿Soy yo quien se equivoca en el planteamiento al subir posts sobre mi obra, o parte de la responsabilidad reside también en quienes pasan de puntillas a su lado?
No tengo ni idea. “La mirada incómoda” lleva desde el jueves en Facebook y solo ha cosechado, a día de hoy, sábado 14 de marzo, dos “Me gusta” y dos comentarios, y ambos provienen de personas muy cercanas, que sienten cariño —o acaso lástima— de mis carestías. Al tiempo, entreveo, no sin cierto pesar, que detrás de esta apariencia de humildad incansable que acostumbro a desplegar hay una honda necesidad de resonar, de no morir en vida a fuerza de vivir ignorado en lo que más me conmueve, que es la literatura, de hacer saber al mundo que este pensamiento mío, por pobre que sea, existe y anda en busca de reflejos.
Me asalta la idea de que sería ideal empezar una política de tierra quemada y no dejar ni rastro de lo que he hecho, antes que seguir tratando de levantar edificios que nadie va a habitar. Puede parecer derrotista, pero ahora mismo siento que lo más honesto es no volver a proponerme que mis textos sean leídos por nadie. Simplemente es cosa de dejarlos ahí, donde están, a merced de vaivenes, de trastornos, de altibajos y de claroscuros. Llegarán a donde el tiempo y las circunstancias permitan que lleguen. Una especie de Wu Wei literario. Cualquier esfuerzo en pro de sacarlos a la luz me parece absolutamente estéril. No parece inteligente echar perlas a los cerdos.
© Pablo Cabrera 2026



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